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Paola Torres Núñez del Prado
(RE)APROPIADAS






28.03.2019

Podríamos llegar al extremo de decir que, por lo menos,  parte del arte moderno se origina de una interpretación errónea, una traducción mal hecha, o una lectura demasiado subjetiva, como cuando Picasso señala que el nacimiento del cubismo se debe a las esculturas africanas que vio e incorporó reinterpretadas en su obra (viéndolas como el signo que le mostró su propósito personal en las artes, que no era para entretener con imágenes decorativas, sino con imágenes que servirían para “ser liberadas o exorcizadas del miedo a lo invisible mediante el darle forma”) acción que, en la práctica, silenció la comprensión del significado real, el valor del mito detrás de estas expresiones artísticas africanas y que, finalmente, sirvió para que se continúe minimizando el valor de sus culturas de origen?

¿Por qué cuando un artista “occidental” reconoce el que sus obras se basen en alguna tradición artística o cosmovisión indígena, se denomina "apropiación cultural" (de connotaciones negativas actualmente) pero cuando sólo las cualidades estéticas de dichas culturas son las apropiadas, como ha sucedido con algunos ejemplos del movimiento Bauhaus, o de la influyente artista textil estadounidense Sheila Hicks (entre tantos otros) es visto como revolucionario, y en donde la incorporación de estéticas precolombinas o nativo americanas en dichos casos, sirve, finalmente, como un medio de quiebre en esa misma historia del arte occidental? ¿Es este otro ejemplo de colonialismo cultural, el que filtra las voces de los creadores originales, la experiencia de su cultura y la relevancia de sus íconos, que sobreviven como diseños sin historia (o con el relato designado por la entidad que apropia) después de pasar por este proceso de recontextualización? Y, sin embargo, el arte de los que yacemos el intermedio entre el Occidente y lo aún sin clasificar, lo que no es parte del Este ni de Asia: las Américas (América Latina, en este caso), al escapar de las fronteras latinoamericanas y tornarse, nuestra práctica artística, previsiblemente “foránea”, se espera que refleje esta misma cualidad, lo que se supone moldea nuestras mentes y experiencia de vida en aquel “otro” contexto: el (post) colonialismo, la experiencia como inmigrante, "nuestra identidad", relatos sobre nuestra etnicidad o nuestra tradición (temas, por cierto, demasiado complejos como para poder definírse en un par de líneas o un par de obras) cosa que, en la práctica, puede servir para invalidar cualquier crítica al statu quo que no entre en dichos cánones, cualquier cuestionamiento o investigación divergente, lo que finalmente puede tomarse meramente como una imitación “de segunda mano” del arte occidental, en especial cuando involucra herramientas tecnológicas o de índole científica.
¿Se puede ir más allá de la apropiación cultural y proponer la reincorporación de estas voces silenciadas en una historia del arte realmente global?


Paola Torres Núñez del Prado trabaja con herramientas digitales e interactivas desde el 2007. Actualmente parte de su investigación incide en el desarrollo de controladores textiles y esculturas blandas con características hápticas, en donde concepto, interfase y experiencia sensorial (sonora, visual y tactil) se integran a través de códigos y materiales tradicionales en ámbitos computacionales no convencionales. Sus obras han sido expuestas en Suecia, Noruega, Francia, Estados Unidos, Inglaterra, Brasil, Italia, Luxemburgo, México y Perú, entre otros.

La muestra (re)Apropiadas cuenta con el apoyo del Consejo de Becas para artistas de Suecia, Konstnärsnämnden.








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